domingo, 3 de febrero de 2019

JESÚS NO ES PROFETA EN SU ALDEA





Sus paisanos le conocían

La gente que había convivido con Jesús en su pueblo no tenía duda. Por eso, aquellos que le conocían bien, porque eran sus vecinos, le rechazaron cuando el Señor les dijo que venía del cielo, del Padre, de allá arriba (Jn 8,23).

Sería la misma impresión que nos haría en la actualidad, si una persona que realiza los trabajos de  conservación de las instalaciones de un hotel o de un colegio, de buenas a primeras se creyese con más autoridad que el Papa. Y saliese en televisión pontificando sobre asuntos de teología.

Es lógico que dijéramos: Pero si este es Paco, ¿qué hace ahí hablando de esas cosas?... Todavía la impresión sería más fuerte si notásemos que ese hombre al que vemos diariamente –sin estar loco– se cree Dios.

Por eso no es de extrañar que se preguntaran, como dice el evangelio de la Misa de hoy: ¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo (Jn 6,42).

En la sinagoga de Nazaret, Jesús no predica  como lo hacía todo el mundo, sino que dice, como acabamos de oír, que lo que allí está escrito se está refiriendo a Él (cf. Lc 4,21).

Entonces se ponen tan furiosos que intentan despeñarlo por un barranco, como hemos leído hace un momento  (cf. Lc 4,29).

Sus paisanos no le conocían

Los de su pueblo sabían que Jesús era uno como ellos, pero curiosamente alardeaba de ser algo grande.

La gente de Nazaret no salía de su asombro, decían algo así como: ¿Pero este quien se ha creído que es? Está convencido de que es el gran Profeta esperado.

El desconcierto sería mayor porque sabían perfectamente que la aldea de Jesús no había recibido ninguna promesa de parte de Dios, como era el caso de Belén.

Se sabe que un pescador llamado Felipe le dijo a un colega suyo, de nombre Natanael: Hemos encontrado a Aquel de de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas: Jesús, hijo de José, de Nazaret. La respuesta de Natanael es bien conocida: ¿De Nazaret puede salir algo bueno?(Jn 1,45s).

Y los fariseos, que no veían con buenos ojos a Jesús decían: Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése [Jesús] no sabemos de dónde viene (Jn 9,29).

Buscar a Jesús

Hay personas que pueden haber oído hablar de Jesús durante años y no conocerlo realmente (cf. Mc 6,2).

Cuentan que hace unos años un rabino anciano le dio un consejo sorprendente un chico joven. Le dijo el rabino: «Busca a Cristo. Yo ya soy viejo; si tuviera tu edad buscaría al Jesús de los cristianos».

Lo que le sucedió a este chico también nos sucede a todos, pues la Palabra de Dios se ha hecho Hombre y quiere una respuesta de nuestra parte.

En esta historia podemos actuar como los de Nazaret que pesaban conocer a Jesús perfectamente, como los apóstoles que le seguían pero con muy poca fe.

O podemos actuar  como María, su Madre...

sábado, 26 de enero de 2019

¿QUÍEN ES JESÚS DE NAZARET?


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Un conocido desconocido

Al oír a Jesús sus paisanos se asustan... Y entre sus oyentes el miedo se transformará en oposición (Mc 6,3), tanto es así que intentan despeñarlo por un barranco (cf. Lc 4,29).

Los de su pueblo sabían que Jesús era uno como ellos, pero curiosamente alardeaba de ser algo grande.

La gente de Nazaret no salía de su asombro, decían algo así como: ¿Pero este quien se ha creído que es? Está convencido de que es el gran Profeta esperado.

La encuesta

Lo cierto es que en aquella época Jesús era conocido y a la vez desconocido. Igual que hoy. Hay personas que pueden haber oído hablar de Jesús durante años y no conocerlo realmente (cf. Mc 6,2).

En la actualidad podríamos hacer la misma encuesta que hizo Jesús hizo a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo?... Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? (Mc 8,27ss).

Es el Mesías, el Ungido, Dios mismo

En la sinagoga de Nazaret, Jesús no predica  como lo hacía todo el mundo, sino que dice, nada menos que lo que acaba de leer –no existe la casualidad– está  escrito refiriendo a Él (cf. Lc 4,21).

¿Quién es Jesús? Lo que pretenden los cuatro Evangelios es contestar esta pregunta.

Pero los Evangelios fueron escritos hace muchos siglos. No es fácil captar su significado leyéndolos simplemente. ¿Cómo podemos entenderlos si nadie nos los explica?

martes, 15 de enero de 2019

2019, TIEMPO ORDINARIO, Ciclo C

LA BODA



La boda de Dios 
En Cana (Evangelio de la Misa: cfr. Jn 2,1-11), una boda se convierte en una imagen: la boda de Dios con su pueblo (primera lectura de la Misa:cfr. Is 62,1-5).

 Jesús en alguna ocasión se presenta como el «novio» (cf. Mc 2, 18s). Dios y el hombre celebran unas bodas, se hacen uno: eso significa el matrimonio.

Dios y el hombre se hacen uno en Jesús, que es Dios y hombre a la vez. Y el vino nos habla de esta fiesta definitiva que Dios ha preparado. En esta boda en la que Dios se une con el hombre el agua tiene un significado.

El agua además de para beber o lavarse era utilizada por los judíos para la purificación. Juan el Bautista emplea precisamente el agua como signo de conversión. Pues el agua que utilizaban los judíos para la purificación se transforma en un signo de alegría. El agua de nuestra vida se puede convertir en vino. Esta es la enseñanza.

El agua de la purificación, que mandaba la Ley, se transforma en símbolo de la caridad, el amor, que es el mayor don que hemos recibido de Dios (segunda lectura de la Misa: cfr. 1 Cor 12, 4-11).

El amor tiene como efecto –igual que el vino– dar alegría al corazón del hombre. Por eso a los que están en el cielo se les llama “bienaventurados”, felices.

Una niña le preguntaba a un sacerdote que si él sabía por qué los santos están tan contentos... Y la niña siguió diciendo: –Por la gracia de Dios. Y no es solo un chiste, es la realidad. Dios es muy simpático y llena hasta arriba de alegría a sus amigos, como hizo con las tinajas de la boda.

En nuestra vida tenemos que purificarnos, y el agua es también signo de limpieza, del arrepentimiento. Si se lo pedimos a María conseguirá  que las cosas de cada día se conviertan, cambien. Se transformen en cosas alegres, en este vino especial. Porque nosotros estamos invitados a esa boda.

Invitados a la boda
Además de San Juan, otro Apóstol que estuvo presente fue Natanael. Como es sabido, Natanael,  era del mismo Caná de Galilea. Aunque era un hombre muy recto, la verdad es que no tenía muy buena opinión de la gente de Nazaret.

Y su amigo Felipe no quiso contestarle sobre si de Nazaret podía salir algo bueno o no. No se iba a poner a discutir. Lo que hizo su amigo Felipe fue presentarle al Señor para que él juzgara por su cuenta si Jesús de Nazaret era el Mesías.

Como sabemos cuando Natanael se encontró con el Maestro desaparecieron inmediatamente todas sus dudas. Esto es lo que tenemos que hacer con la gente llevarla al Señor.

Pero, por si fuera poco, unos días después del encuentro de Natanael con Jesús, hubo una boda en su pueblo. Ya sabemos lo que pasó. Cuenta una leyenda1 que su amigo Felipe aunque era tímido y con un humor muy fino,  cuando apareció el vino nuevo, le arrimó un vasito a Natanael y le dijo: –Prueba, a ver si te parece que de Nazaret puede salir algo bueno...

Pero fue gracias a María por lo que Caná de Galilea estuvo a punto de llamarse Caná de la Frontera.




domingo, 13 de enero de 2019

EL CIELO SE RASGÓ



Un padre de la Iglesia explica que esta fiesta del Bautismo del Señor está muy unida a la de la Navidad (cfr. San Máximo de Turín, Sermón en la Epifanía 100,1,3).

Y también forma una unidad junto con la Epifanía, que es la manifestación de Dios a los gentiles, representados por los Magos de Oriente.

Termina así el tiempo de Navidad con el Bautismo del Señor, en el que parece que se rasga el cielo y se manifiesta la Persona y misión de Jesús.

Es un momento de gran importancia porque en el rio Jordán es públicamente aclamado como Hijo de Dios por el Padre del cielo. Y consagrado por el Espíritu Santo, como Rey, Sacerdote y Profeta (cfr. San Máximo de Turín, Sermón en la Epifanía 100,1,3).

También los cristianos en nuestro bautismo somos ungidos de igual forma, y hechos hijos de Dios, aunque sigamos siendo humanos, nuestro Padre ha querido que participemos de su naturaleza divina. Y en la ceremonia de nuestra bautismo “celebramos” nuestra adopción por parte de Dios.

Uno de los últimos papas nos decía que el celebraba el día de su bautismo tanto o más como el de su cumpleaños, y se entiende: porque es el día del verdadero nacimiento.

Los Evangelios indican que, al salir Jesús del agua, el cielo se rasgó (Mc), se abrió (Mt y Lc); y todos escriben que el Espíritu descendió sobre Él como una paloma.

Y además se oyó una voz del cielo que, según san Marcos y san Lucas, se dirige a Jesús: Tú eres mi hijo...; y según san Mateo, se dijo de él: Éste es mi hijo, el amado, mi predilecto (3, 17).

En esta escena hay que destacar que el cielo está abierto sobre Jesús. Su unión con la voluntad del Padre –que le lleva a cumplir toda justicia– abre el cielo. Y por su propia esencia el cielo es precisamente donde se cumple la voluntad de Dios, que es siempre amorosa, y por eso es un estado de inmensa felicidad.

Además de abrirse el cielo, Dios Padre proclama que Jesús «es» el Hijo predilecto, que siempre le da satisfacciones. Precisamente la importancia de Jesús está en su «ser» Hijo: del que proviene su misión de Salvador, que viene indicada perfectamente el nombre que se le impuso: Yehsuah, «Dios que salva».

También la misión de los cristianos, nuestra vocación, la realización práctica de lo que Dios nos pide, tiene que estar fundada en que somos hijos de Dios. Este tiene que ser el fundamento de nuestra acción.

Escribe un autor espiritual sobre la frecuente «crisis de los cincuenta», que después de pasar años volcados en el activismo, a los cincuenta nos encontramos con un gran vacío interior, pues hemos vivido en el «hacer», olvidando nuestra verdadera identidad: la de un hijo de Dios amado no por lo que hace, sino por lo que «es».

Conviene estar en la realidad somos unos seres necesitados, pero también somos hijos de Dios. Ahí tiene que anclarse nuestra esperanza. Porque  la esperanza no es todo, necesita de una verdad en la que apoyarse. Somos hijos de un Padre misericordioso, este es nuestro apoyo, y a veces nuestro único apoyo.

Y en la escena del bautismo encontramos que junto con el Hijo, también aparece el Padre y el Espíritu Santo. Así se anticipa el anuncio de que en Dios hay tres Personas, cosa que se manifestará en profundidad en el transcurso completo de  vida de Jesús.

Y precisamente este comienzo de la vida pública enlazará con aquellas palabras del final, cuando Jesús resucitado envía a sus discípulos a recorrer el mundo: Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mt 28, 19). 

FORO DE HOMILÍAS

Homilías breves predicables organizadas por tiempo litúrgico, temas, etc.... Muchas se encuentran ampliadas en el Foro de Meditaciones