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domingo, 14 de septiembre de 2008

EXALTACIÓN DE LA GUILLOTINA

Sólo pensar que alguien pueda exaltar la horca o la guillotina nos llena de repugnancia.

Así podría pasarle a algunos cristianos de la primera hora: sentirían desosiego cada vez que nombraban el suplicio de cruz. Porque el Señor murió injustamente en él.

Pero San Pablo no rechaza hablar de los padecimientos del Señor: los ve como un motivo de gloria (cfr. Segunda lectura de la Misa: Flp 2,6-11).

Dice el refrán que es de mal gusto nombrar la soga en casa del ahorcado. Sin embargo los cristianos veneramos la cruz. Y si Jesús hubiera muerto en la revolución francesa hoy hablaríamos de la Santa Guillotina.

Porque el patíbulo de la cruz, fue el trono desde donde el Señor nos manifestó que nos quería hasta ese extremo horrible. No porque sea una cosa agradable, sino porque fue el arma que utilizó para ganar nuestro amor.

Jesus fue levantado por encima de la tierra, suspendido en un madero, y gracias a eso, nosotros tenemos la vida eterna (cfr. Evangelio: Jn 3,13-17)

Por eso la Iglesia exalta la Cruz de Cristo, la levanta como un estandarte. Porque los que la miren con ojos agradecidos serán salvados (cfr. Primera lectura: Nm 21,4b-9)

Los primeros cristianos hablaban de «padecer con Cristo».

La Cruz se veía como una espada que se le arrebataba al Maligno: el Señor utiliza el arma del enemigo –el dolor– para vencerle.

Y así nosotros si padecemos juntamente con el Señor, también con él ayudaremos a la salvación del mundo.
Homilia extensa

sábado, 23 de agosto de 2008

EL PODER O LA GLORIA

Actualmente las luchas más encarnizadas entre hermanos se suelen dar por el mando de la televisión: de alguna forma simboliza el poder disfrutar de lo que a uno le apetece.

El profeta Isaías habla de que el Señor elige a una persona para darle la llave de un palacio (22,19-23: Primera lectura Misa). En otros tiempos era la llave lo que simbolizaba el poder.

En el Evangelio, Jesús le promete a Pedro que le dará las llaves del reino (Mt 16,13-20). Y no precisamente para que fuese el portero sino para hiciese cabeza en la Iglesia.

Humanamente no es comprensible que el Señor eligiera, para un puesto tan importante, a una persona que no tenía estudios, sino que era un trabajador manual. Por eso nos dice San Pablo que Dios no funciona con nuestros esquemas (cfr. Segunda lectura: Rm 11,33-36).

Hay gente que se ve con vocación de liderazgo, porque son inteligentes, tienen buena presencia, gozan de excelente posición. En definitiva piensan que los demás deben estar por debajo (rara vez lo dicen con palabras, muchas con los hechos).

Entre los cristianos no debe ser así. El que quiere el mando es precisamente el que no debe tenerlo: aunque diga que lo quiere para servir.

El que se pelea por el mando (aunque sea el de la televisión) no es precisamente para agradar a los demás.

El Señor da el poder a los humildes, no a los que se sirven de su estatus para salirse con la suya.

María en esta tierra no buscó el poder: por eso ahora tiene la gloria.

viernes, 15 de agosto de 2008

EL TRAMPOLÍN DE VERANO

Hoy celebramos el triunfo de la Virgen. Es la Mujer que está más alta en el cielo.

El libro del Apocalipsis (Primera lectura de la Misa: 11,19ª;12,1-6ª) nos la presenta con «la luna como pedestal», y «vestida» con un traje impresionante, nada menos que «de sol».

María está a la derecha del Rey del Universo, «enjoyada con oro» de la mejor calidad (Salmo Responsorial: 44).

Podríamos decir sin temor a equivocarnos que más que Ella sólo Dios (cfr. Camino, n. 496). Primero va Jesús, que es la «primicia» (cfr. Segunda lectura: 1Co 15,20-27) y después María.

Si hubiéramos preguntado en Nazaret a las personas que la trataron habitualmente. Quizá nos hablarían de una persona buena, e inteligente. Pero seguramente muchas de que vivieron cerca de Ella se quedarán extrañados al verla donde ahora está.

¿Cuál es el secreto de que haya llegado tan arriba? ¿Cuál fue su trampolín que la lanzó tan alto?

En el Evangelio se nos da la explicación (Lc 1,39-56). En esta tierra Ella llegó muy bajo. Fue la Madre de un condenado a muerte por blasfemia. Vio a su Hijo en el patíbulo más humillante: la cruz.

Además en la vida corriente, ni Dios, ni Ella quisieron que tuviese ningún tipo de reconocimiento. Su misión en esta tierra fue servir en cosas materiales.

Con su inteligencia, y el resto de sus cualidades podría haber querido sobresalir. Y sin embargo sólo buscó que se luciera Dios. Gracias a su humildad a llegado tan alto.

En esta solemnidad tan importante, que celebramos en agosto, podemos pedirle a nuestra Madre que Ella sea nuestro trampolín de verano.

domingo, 3 de agosto de 2008

EL CATERING

Los judíos tenían fama de trabajadores, hábiles para las finanzas, y amigos del ahorro.

Por eso que diga el profeta Isaías que comerían sin pagar, era la señal más clara para indicarles que había llegado el tiempo mesiánico (cfr. Is 55,1-3: Primera lectura de la Misa).

Y efectivamente en el Evangelio se nos cuenta como Jesús, el Mesías anunciado por los Profetas dio de comer a más de cinco mil personas (cfr. Mt 14,13-21: Evangelio de la Misa).

Y podríamos decir que con la distribución de esos bocadillos –seguramente de sardinas– se inauguraría el primer y más espectacular catering de la historia.

Como se lee en el Salmo (144,16: Responsorial de la Misa) el Señor abre su mano y nos sacia. Pero no sólo de cosas espirituales. Muchos de los milagros que hizo Jesús eran materiales. Porque es el Dueño de todo, también de la materia.

Por eso cuando Dios no envía cosas materiales buenas es porque nos quiere. Y cuando nos encontramos en la escasez, quizá es porque quiere que demostremos que le queremos a Él.

Ya lo decía San Pablo: ninguna cosa puede separarnos del amor de Cristo: ni el hambre, ni la desnudez. Y podemos añadir: ni tampoco la crisis (cfr. Rm 8,35.37-39).

Porque Dios para hacernos felices es capaz de inventar lo que sea, y además gratis.

Por eso cuando en la vida nos lleguen los momentos difíciles, podemos pensar que es, precisamente entonces, cuando estamos saciando el hambre que Dios tiene de nuestro amor: es el momento de nuestro catering.

domingo, 29 de junio de 2008

CON UN PROYECTO COMÚN

Hoy comenzamos el año que la Iglesia ha querido dedicar a San Pablo.

También celebramos la fiesta de San Pedro, el primer Papa (cfr. Mt 16, 13-19: Evangelio de la Misa del día).

La verdad, es que los dos Apóstoles eran muy distintos.

Tenían diferencias por nacimiento (San Pablo no era de Palestina), por culturas. Incluso también las profesiones que desarrollaban no se parecían en nada

Muchas cosas los separaban en lo humano, y también en los espiritual: Pedro había vivido con el Señor, y Pablo había sido enemigo declarado de los cristianos.

Pablo era un experto en la Escritura, y Simón tenía una cultura teológica elemental.

Todo esto es complementario, porque tenían un proyecto común.

«Pedro fue el primero en confesar la fe, Pablo, el maestro insigne que la interpretó» (Prefacio de la Misa).

Participaban de la misma empresa aunque tuviesen puntos de vista diferentes. Mejor: así se adaptaban a todas las sensibilidades.

Los dos estaban en la tierra para lo mismo: salvar almas. Pero de distinta forma: Pedro «fundó la primitiva iglesia con el pueblo de Israel, Pablo la extendió a todas las gentes» (Prefacio).

Hoy le damos gracias a Dios por haber hecho a los santos tan diferentes y tan amigos.

Porque no se fijaban en lo que les separaba sino en lo que les unía: la amistad con el Señor.

Siendo distintos quieren lo mismo: salvar almas, como San Pedro y San Pablo.

Al comenzar hoy el año de San Pablo, hacemos el propósito de aprender a hacer apostolado en nuestro ambiente, cada uno a su manera de ser. Sin miedos.

En la Iglesia hay maneras muy distintas de actuar. Lo importante no son las diferencias, sino tener un mismo proyecto común.

Estos días lo estamos viviendo con la Eurocopa de fútbol. Jugadores que durante el año están en equipos distintos, incluso que son eternos rivales, pero tienen ahora un proyecto único: ganar la Eurocopa para su país.

Nuestro proyecto común es llevar almas al Cielo.

La manera, quizá, más frecuente de hacerlo es hablando de Dios de tú a tú, a través de la amistad: este es el mejor regalo que le podemos hacer a las personas que queremos.

Para eso hemos nacido, para ser santos y hacer apostolado.

–¡Reina de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo ayudádnos en nuestro proyecto común!

domingo, 15 de junio de 2008

MI PUEBLO

Todos los que nos conocen saben perfectamente de qué pueblo somos. Esto marca nuestra vida. Nuestra comarca es lo mejor del mundo.


Pero en realidad un pueblo son las personas: Delio el del bar, y su padre Inocente, Aniceto...

Pero nosotros no elegimos a esas personas: nos tocaron en suerte, caímos allí.

Sin embargo Dios ha querido hacerse un pueblo eligiendo Él a sus habitantes.

Los primeros fueron: Pedro Barjonas, y Andrés su hermano, Mateo el publicano... y así hasta doce (cfr el Evangelio de la Misa de hoy: Mt 9,36-10,8).

Estos eran los amigos del Señor, y luego vendríamos otros. Pues también nosotros somos de su pueblo (cfr. Sal 99, responsorial de la Misa).

Como nos cuenta el libro del Exodo (cfr. 19,22-6ª: Primera lectura de la Misa): el Pueblo hebreo fue elegido por Dios.

Y desde luego no hay otra nación de estas características en toda la Historia de la Humanidad. Tiene algo especial: tan especial que el Señor nació en él, y no lo abandonará.

Pues nosotros los cristianos somos Pueblo de Dios no por genética. Sino porque el Señor ha querido morir por nosotros (cfr. Segunda lectura: Rom 5,6-11).

Y ya somos de su Pueblo. El Señor derramó su sangre hebrea para fuésemos elegidos.

Es la misma sangre que llevaba la Virgen, porque el cuerpo del Señor, que vamos a recibir se formó en su interior.

También María es nuestra madre, que nos está engendrando para la eternidad.

Ella sabe de la alegría de tener hijos, y en cielo es ministra del ejercito en la intimidad.

Sabe hacer compatible su labor de Jefa de San Miguel y de madre de cada uno: Ella nos enseña el idioma de nuestro Pueblo.

domingo, 1 de junio de 2008

HAY QUE ELEGIR

Hay personas que se contrarían porque Dios no interviene en esta tierra aplastando a los que hacen el mal.

Esos mismos estarían contentos con que, a los que hacen el mal, no se les dejara ni respirar. Pero Dios nos ha hecho libres, no quiere autómatas.

También los que van contra Dios pueden cambiar, de hecho así ocurre. Dios se ha encarnado para salvar. Y los pecadores podemos convertirnos.

Nuestro Señor ha querido hacernos libres. No quiere esclavos sino hijos, que eligen voluntariamente el bien.

Así nos dice la Sagrada Escritura que en esta vida hay que elegir entre dos posibilidades: seguir la voluntad de Dios o no seguirla, obtener la bendición o maldición (cfr. Dt 11,18.26-28: Primera lectura de la Misa).

El hombre se salva por la fe en Jesucristo (cfr. Rm. 3,21-27: Segunda lectura). Pero la fe no es sólo intelectual, o producto del sentimiento.

El Señor en el Evangelio nos habla de que hay que actuar: poner «en práctica» sus palabras (Mt 7,21-27). La fe es algo operativo: que se debe notar en nuestro plan de vida diario.

Así es: podemos construir nuestra vida al margen de Dios, o elegir que el Señor sea la «roca» donde se apoye nuestro día (cfr Sal 30: Responsorial). Hay que elegir en la práctica.



jueves, 1 de mayo de 2008

DIOS ES UNA FAMILIA

Hoy celebramos el misterio principal de nuestra fe, que no hubiéramos conocido si el Señor no nos lo hubiera revelado. Es la vida íntima de Dios la que viene a revelar Jesús.

Que Dios es Padre, que Dios es Hijo y que Dios es Espíritu Santo.

El Señor ha tenido paciencia hasta que ha podido decírnoslo. Si lo hubiera dicho antes, seguramente se hubiera pensado que hay tres dioses.

Al principio, Yavhé quería remarcar a su pueblo que era un solo Dios, que no había varios dioses.

Nos cuenta el libro del Éxodo (34, 4b–6. 8–9: Primera lectura de la Misa) como Moisés le pide a Dios que les acompañe siempre.

Moisés le dice que Israel es un pueblo duro de entendimiento, de «dura cerviz». Efectivamente, el pueblo elegido, no hubiera entendido en ese momento toda la verdad a cerca de Dios.

Una vez que asimilaron que Yavhé era Uno, con Jesús revela que es un solo Dios pero que tiene tres Personas.

Esto es difícil de entender si uno no tiene fe. Lo dice el Señor en el Evangelio para que el mundo crea (cfr. Jn 3, 16–18: Evangelio de la Misa).

Hay muchas personas que ven con facilidad que Dios sea Uno. Son los creyentes de las tres religiones monoteístas: junto con los cristianos están los hebreos y los musulmanes. Los tres procedemos de la fe de Abraham.

En la Alhambra hay un poema en el que se explica, con mucha claridad, la fe de los musulmanes. El poeta dice que allí, la oración se dirigía «a un Dios solo».

Efectivamente, los musulmanes creen que Dios es Uno. Tanto lo remarcan que piensan que está solo. Y sin embargo Dios es una familia.

El misterio de la Santísima Trinidad no es un invento de la teología.

Claramente, San Pablo en una de sus cartas desea que recibamos «la gracia» que nos ganó Dios Hijo muriendo en la cruz, «el amor» de Dios Padre que nos regaló la vida, y la unión con el Espíritu Santo (cfr. 2 Cor 13, 11–13: Segunda lectura de la Misa).

Esto es lo que deseamos a todos los que lean este blog.

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domingo, 16 de marzo de 2008

DOMINGO DE BURROS

En un día como hoy comienza la Semana Santa, en la que los amigos de Dios revivimos la Pasión del Señor.

El Señor quiere que conozcamos el amor que nos tiene. Él hubiera muerto solo por nosotros. Y pasando por esos tormentos tan crueles.

El Señor quiso padecer la flagelación, la crucifixión, y el abandono de sus amigos para que nosotros conociésemos que aunque un Dios no puede sufrir, él es capaz de hacerse hombre y padecer como padecemos los hombres (cfr. Primera lectura de la Misa: Is 50, 4-7).

Y así no le tuviéramos miedo sino ternura. Esto es lo que le sucedía a los santos cuando lo veían tan golpeado y lleno de heridas.

Jesús en la cruz rezó esa oración, el salmo que recitamos hoy: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Salmo 21).

Esta era la oración de un hombre que pide ayuda a Dios Padre, al verse acorralado por sus enemigos (cfr. Evangelio de la Misa: Mt 26,14-27,66).

Y Dios Padre parece que no le escucha, pero la pasión no fue la última palabra.

También en nuestra vida habrá sufrimiento. Sucesos que flagelen nuestro cuerpo y nuestra alma. Pero al final –si sabemos confiar en Dios nuestro Padre, como Jesús– los látigos se convertirán en ramos de triunfo (cfr. Evangelio después de la Procesión de entrada: Mt 21,1-11).

Ahora ya sabemos el porqué de las palmas que aclaman a Jesús como Rey. El Señor triunfaría convirtiendo el mal en bien. Los ramos eran señales que anticipaban su triunfo.

Pero no sólo profetizaban el triunfo de Jesús, también el nuestro. Si sabemos sufrir con el Señor también resucitaremos con Él. Y hasta nos aclamaran por muy burros que hayamos sido en esta vida, porque lo importante será haber llevado al Señor como aquel animal.

Te leo un poema dedicado al burro:

Con cabeza de monstruo y con las alas raras de mis orejas color gris, soy la caricatura del diablo andando a cuatro patas por ahí. Vagabundo andrajoso de la tierra, trabajando sin fin he de vivir, sufriendo hambre y desprecio... y siempre mudo me guardo mi secreto para mí, porque vosotros olvidáis mi hora que fue inmortal, tremenda y dulce. Allí alzaban todos a mi paso palmas y aleluyas al Hijo de David.

(G. K. CHESTERTON, The donkey)

Pues algo así de celebrada será nuestra entrada en la eternidad, por haber llevado en esta vida a nuestro Señor por los caminos de este mundo.

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FORO DE HOMILÍAS

Homilías breves predicables organizadas por tiempo litúrgico, temas, etc.... Muchas se encuentran ampliadas en el Foro de Meditaciones