viernes, 9 de abril de 2021

LO MEJOR DE DIOS

 


De lo que Dios está más orgulloso es de su misericordia, de su bondad. Ese es su gran atributo. Todas sus obras están coronadas por su Misericordia.


-Señor te damos gracias por tu bondad, porque es eterna tu misericordia (cfr. Sal 117: responsorial).

El gran poder de Dios es su amor. Por eso perdona siempre. Nos ama tanto que su misericordia actúa si le dejamos.

Eso es lo que realmente vence al mundo. No la violencia o el egoísmo, sino el amor de Dios que se nos manifiesta en la cruz. Esa es la fuente de donde sale su Misericordia (cfr. 1Jn 5,1-6: Segunda lectura).

LA FUERZA DE LA CRUZ

Catalina de Emerich cuenta como, cuando Jesús estaba clavado en la cruz, había un centurión al mando de los soldados que estaban allí. Se llamaba Abenadar.

Tenía los ojos fijos en el cuerpo destrozado del Señor. Había presenciado como perdonaba a sus enemigos. Sintió una profunda emoción.

Cuando Jesús murió y tembló la tierra, la gracia iluminó a Abenadar. Su corazón, orgulloso y duro, se partió como la roca del Calvario; tiró su lanza y dijo: "¡Bendito sea el Dios Todopoderoso, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; éste era justo; es verdaderamente el Hijo de Dios!".

Muchos soldados, al oír las palabras de su jefe, hicieron como él. Abenadar, convertido del todo, dio su caballo y su lanza a Casio, el segundo oficial y se fue en busca de los discípulos del Señor para anunciarles la muerte del Salvador.

VIVIR TRANQUILO

Dios quiere nuestra felicidad, que vivamos tranquilos, serenos. Y una de las cosas que nos dan más paz es pensar en la misericordia de Dios.

Cuenta el Evangelio como los Apóstoles se alegraron al verle resucitado. Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: paz a vosotros.

Con gran poder los Apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús (Hch 4,32-35: Primera lectura).

Saber lo bien que está dispuesto el Señor ante nuestros errores, aunque hayamos hecho una barbaridad nos ayuda mucho. Dios aplica su misericordia según las necesidades de cada uno.

La humanidad no encontrará la paz hasta que no vaya a la fuente de mi misericordia.

LA VISIÓN DE FAUSTINA

El Señor quiso que el mundo conociera su Misericordia a través de las revelaciones hechas a una santa, Faustina Kowalska.

En una ocasión le decía: «las almas me reconocen como Santo y como Justo, pero no tienen confianza en mi bondad. Y le daba un encargo: Anuncia que la Misericordia es el mayor atributo de Dios».

Una tarde, estando en su celda vio al Señor vestido de blanco y con una mano levantada para bendecir mientras la otra estaba pegada al pecho. De su vestido salían dos rayos, uno rojo y otro blanco o claro.

El Señor le encargó pintar la imagen de la visión y que debajo pusiera escrito: Jesús confío en Ti!

Y le dijo el Señor: prometo que el alma que adore esta imagen no se perderá. Prometo la victoria sobre el enemigo en esta tierra y en particular en el momento de la muerte. Yo mismo lo defenderé.

ROJO Y BLANCO

Hablando del Señor nos dice san Juan: Este es el que vino por el agua y por la sangre: Jesucristo; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre.

Los dos rayos de esa visión representan el Agua y la Sangre. El rayo blanco es el Agua que justifica las almas. El rojo es la Sangre que representa la vida para el alma.

Los dos salen del costado de Jesús después de que la lanza le atravesara el corazón. Representan la confesión y la Eucaristía.

UN CASO REAL

Faustina también cuenta como un día que entró a rezar en la capilla, Jesús le dijo: hija mía ayúdame a salvar un pecador en agonía.

Empezó a rezar la oración a la Divina Misericordia y vio a una persona que se estaba muriendo y que luchaba en su interior.

Su Ángel custodio lo defendía, pero parecía que no podía hacer nada ante la enorme miseria de esa persona. También vio como una multitud de demonios estaban esperando para llevarse aquella alma al infierno.

Mientras rezaba esa oración vio la imagen de Jesús con los dos rayos que salían de su Corazón tocando al enfermo y los diablos que se iban rápidamente. Entonces el enfermo expiró serenamente.

La oración que el Señor le pidió que rezare era esta:-Oh Sangre y Agua que sales del corazón de Jesús como fuente de misericordia por nosotros, confío en ti!

Cuando reces, le dijo Jesús, esta oración con el corazón arrepentido y con fe por cualquier pecador, le concederé la gracia de la conversión.

Vamos a decírsela ahora para que salve a los que van a morir hoy.

CARLOS Y JOSÉ

Esta fiesta la instituyó Juan Pablo II. Y en vísperas de ella, el Papa Grande se nos fue al cielo.

El Papa es el vicecristo. El Padre de todos los cristianos. A través del Papa la misericordia de Dios se hace presente.

Decía una persona que, estando en la plaza de san Pedro, al finalizar una de las ceremonias multitudinarias, pasó el Papa Benedicto en coche. Le impresionó comprobar la mirada que tenía de comprensión y cariño al mirar a la gente.

Así es Jesús. Así es también la Virgen, por algo la invocamos como Madre de Misericordia.

sábado, 3 de abril de 2021

ACTUO DIOS


Hoy es el día en que actuó el Señor. Hoy, Dios, hizo una de las suyas. 

Como lo puede todo, del mal siempre saca bien. Su amor y su inteligencia se las ingenia para salvarnos.

Parecía que estaba dormido. Jesús estaba muerto. Dios estaba en silencio. Como ahora en el sagrario, que parece que no hace nada y, sin embargo, está muy activo.

¡CON LA QUE ESTÁ CAYENDO!

La Primera lectura hace un resumen de la vida de Jesús en pocas líneas. Todo empezó en Galilea. Parecía que se trataba de uno más, que era un maestro como tanto otros (cfr. Hch 10,34ª- 37-43).

A simple vista, las autoridades religiosas, que eran la voz autorizada de Yahvéh, iban contra él. Y él era Dios que callaba y actuaba.

Entonces empezaron a ver como expulsaba demonios y hacía milagros. Muchos se pusieron de su parte, los apóstoles y otros, que fueron testigos de lo que hizo.

Hoy se repite la misma historia. Algunos poderosos de la tierra también van en contra de Dios. Se creen que lo pueden todo, y por eso hacen y deshacen. Y, con ese poderío cometen crímenes como el aborto o la eutanasia, o injusticias de todo tipo, etc.

Las personas piensan que, como tienen libertad, pueden hacer lo que quieran, incluso matar. Antes, los esclavos no tenían derechos y se les podía quitar la vida si el amo quería. Hoy, gracias en gran parte al cristianismo, eso ha desaparecido.

Pero en nuestra sociedad, como se han quitado a Dios de en medio, se pueden matar niños para defender la libertad de la mujer. Cuando alguien es un incordio, da mucho trabajo, te hace dormir mal o te quita mucho tiempo, entonces el Estado te dice que en esos casos puedes matarlo.

Ante esto, parece que Dios no hace nada, que está en silencio. Como en el sepulcro y en el sagrario. Señor ¿cómo no actúas, con la que está cayendo?

SIEMPRE PASA LO MISMO

Con Jesús pasó lo mismo. Era el Hijo de Dios. No un vecino o un conocido, sino su Hijo. Lo mataron y su Padre Dios no hizo nada. O eso parecía, porque luego lo resucito.

Lo más sorprendente del Señor es que vino para eso. Quiso mostrar su amor y su misericordia con la cruz. Así actuó su inteligencia.

Los hombres, tanto amor, no lo entienden. Por eso, a los primeros cristianos les costaría hablar de la crucifixión, sería como un tema tabú.

En parte se entiende. Es como si el padre de una amiga tuya hubiera muerto en la cárcel. Hablar de eso con ella sería de mal gusto: іQué pena lo de tu padre ¿verdad?!… Por cierto ¿cómo fue? ¿Por qué estaba en la cárcel? Sería como nombrar la soga en casa del ahorcado.

Pero la cruz es la manera que tiene Dios de salvarnos. Aunque parezca que no, el Señor sabe lo que hace. Tiene todo controlado.

Nuestro Señor hace que lo malo termine bien, porque él no pierde batallas.

Durante la Semana Santa de Málaga, estaba un grupo de gente joven esperando el paso del trono del Crucificado. Estaban pero de fiesta, riendo y hablando en alto. Una persona mayor les recriminó su actitud. Y uno del grupillo les contestó: es que nosotros ya sabemos como termina esta historia. Dios siempre triunfa.

NO DRAMATICEMOS

Con la cruz que tienes, Dios hace muchas cosas. Todo el mundo tienen una preocupación. Incluso las niñas pequeñas. El otro día vino una para pedir que rezara por su perro que tenía gripe.

Si lees cualquier vida de un santo, todos tuvieron cruz.

Dios parece que no hace nada y hace todo. Lo que pasa es que no interviene como el séptimo de caballería, machacando a los indios o queriendo hundir a sus enemigos.

Nuestro Señor no solo no los fulmina sino que intenta hacerse amigo de ellos. De hecho la mayoría de los que crucificaron al Señor se hicieron cristianos.

OS VAIS A ENTERAR

El día de Pentecostés se convirtieron 5.000. Allí estaban presentes muchos de los que crucificaron al Señor. Y san Pedro en el discurso que les dio, no les amenazó ni los condenó, en plan:

Vosotros, los que matasteis a Jesús de Nazaret, iréis al infierno y os quemareis por toda la eternidad. Habéis matado al mismo Dios, no tenéis perdón. Hoy es el día de la furia del Señor. Os vais a enterar de lo que vale un peine, no vais a dar pie con bola porque enviará sus ángeles y os machacarán ¡La que habéis liao!

No. Les dice claramente lo que hicieron mal, pero para provocar en ellos la conversión (Hch 2, 14 y ss).

MIS MEJORES ENEMIGOS

Los que ahora llamamos enemigos, los que persiguen a la iglesia, o las personas que nos hacen daño, son los que más bien nos hacen. Cuando nos ven sufrir, como el Señor, con serenidad, eso les hace buenos.

La Virgen Santísima sabía como iba a terminar esa historia, por eso nunca perdió la fe ni la esperanza.

viernes, 26 de marzo de 2021

LA HORA CERO

 


Comenzamos esta Semana que los cristianos llamamos Santa. Son los siete días más importantes de la Historia de la Humanidad.


La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús marcó un antes y un después. Por eso, por poco que nos empeñemos, meditando despacio lo que ocurrió, saldremos de estos días mejor de como estamos ahora.

EL PASO DEL SEÑOR

Dios no sólo quiso hacerse hombre, sino que decidió implicarse en la vida humana.

Aunque sabía que, si se portaba con sinceridad, con Verdad, la malicia de los hombres acabaría con su vida.

Aceptó esa humillación, sabía que los hombres se portarían así, y no obstante consintió que los seres humanos lo trataran con saña, con una vileza increíble.

Esto, a simple vista, no se entiende bien. Incluso, aunque lo medites en la presencia de Dios, no es fácil comprender por qué quiso llegar hasta ese extremo y pasarlo tan mal.

El paso del Señor por la tierra fue un camino sangriento, un via crucis. Y precisamente con su Sangre nosotros nos íbamos a salvar de la esclavitud de nuestros pecados.

COMO EL PEOR DE LOS ESCLAVOS

El profeta Isaías describe cómo iba a ser tratado el Mesías: sería un esclavo, un siervo, llevado a una muerte especialmente cruel (cfr. Is 50,4-7: Primera lectura).

Cuando un animal es llevado al lugar donde lo van a degollar, de alguna manera se da cuenta, lo sabe, y se resiste todo lo que puede. Jesús no se resistió. Entró montado en un borrico sabiendo que lo iban a torturar.

Las masas que lo aclamaban a su entrada triunfal en Jerusalén, pocos días después iban a pedir que lo torturaran.

Dice el salmo de la Misa: me acorrala una jauría de mastines (Sal 21: responsorial).

El Señor va hacia la muerte rodeado de gritos en su contra y alaridos de sus enemigos. Como una presa que corre acorralada por sus asesinos, en medio de ladridos y dentelladas. No tiene escapatoria. Muere humillado y en medio de un dolor tremendo.

San Pablo nos habla de la humillación de Jesús, que siendo Dios fue despojado de toda dignidad, para acabar clavado en un madero (cfr. Phil 2,6-11: Segunda lectura).

LA HUMILLACIÓN DE DIOS

Gracias al abajamiento de Dios el hombre ha sido salvado. Nada en lo que interviene Dios acaba en tragedia. Porque de los males saca bienes, y de los grandes males grandes bienes.

La Semana Santa empieza con la exaltación del Mesías. Pero esto dura poco: al cabo de unos días el que era aclamado se ve totalmente en desamparo.

No podemos esperar nada de este mundo. Todo lo bueno viene de Dios. Lo que, en principio nos parece rechazable, una muerte así, en el fondo nos hace mejores.

EL TRIUNFO DE LA FE DE UNA MUJER

Y después de que Dios es humillado por nuestro amor, vendrá lo que nadie esperaba: la Resurrección.

Sin embargo la Virgen se fió siempre de Dios. La primera Eva ante un árbol desconfió de Dios. María ante el madero de la cruz, aceptó ser humillada.

El primer pecado fue iniciado por el orgullo y la desobediencia de una mujer. La salvación nos vino también por la humildad y la aceptación de una Mujer: por su hágase.

jueves, 18 de marzo de 2021

MORIR

 


Respondiendo a las preguntas que le hicieron unos griegos, Jesús resume su vida: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, dará mucho fruto» (Jn 12, 24: Evangelio de la Misa de hoy).


Explica a los que quieren verle en qué consiste lo que ha venido a hacer a esta tierra: morir para dar fruto.

EL GRANO QUE MUERE

Jesús dice que él es el grano de trigo que muere. El grano de trigo tiene que pudrirse y morir para que surja la espiga, y luego se pueda hacer el pan.

Porque Jesús se hace Pan para nosotros. Por eso la Eucaristía está muy unida a la Pasión, porque es el Cuerpo de Cristo que muere para darnos vida.

EL VERDADERO MANÁ

Jesús es Pan, y comiendo su Cuerpo, que es la Eucaristía, comemos a Dios.

No es metáfora que Jesús muera para darnos vida, para alimentarnos. Está aquí. Es verdad.

Jesucristo es el Hijo de Dios que baja del cielo como alimento. Es el verdadero maná.

MORIR PARA DAR FRUTO

Muere para que nos alimentemos. Y nosotros, que somos cristianos, también podemos ser trigo que muere por los demás.

Nosotros tenemos que hacer lo que hizo Cristo. Morir por los demás. Así también resucitaremos para la Vida eterna.

MORIR POR LOS DEMÁS

Hay un santo que hizo exactamente lo mismo que Jesús, hace sólo 70 años.

Se llamaba Raimundo Kolbe. Es más conocido por Maximiliano, nombre que adoptó cuando ingresó en el seminario de los padres franciscanos.

Se ordenó sacerdote. Estuvo en Japón de misionero. En 1936 regresa a Polonia y tres años más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, es apresado junto con otros frailes y enviados a campos de concentración en Alemania y Polonia.

Poco después es liberado y, de nuevo, hecho prisionero en 1941. Termina en el campo de concentración de Auschwitz.

El régimen nazi buscaba despojar a los internados de su personalidad, tratándolos de manera inhumana, como si fueran un simple número. San Maximiliano tenía el número 16670.

A pesar de las dificultades, sigue ejerciendo su ministerio, ayudando a los demás en lo que puede, y manteniendo la dignidad de sus compañeros.

La noche del 3 de agosto de 1941, uno de los prisioneros de su sección se escapa. Entonces, el comandante del campo, como represalia, ordena escoger a diez prisioneros cualesquiera para matarlos.

Entre los hombres elegidos, hay uno casado y con hijos. San Maximiliano, que no se encontraba entre los diez, se ofrece voluntario para morir en su lugar.

El comandante acepta el cambio y el santo es condenado a morir de hambre junto con los otros nueve. Diez días después, el 14 de agosto, lo encuentran todavía vivo, le ponen una inyección letal y muere.

Juan Pablo II, que lo canonizó en 1982, dijo en el campo de concentración donde murió: Maximiliano Kolbe hizo como Jesús, no sufrió la muerte sino que donó la vida.

Terminamos con la Virgen. Unos meses antes de ser hecho prisionero el padre Kolbe escribió: sufrir, trabajar, morir como caballeros, no con una muerte normal sino, por ejemplo, con una bala en la cabeza, sellando nuestro amor a la Inmaculada, derramando como auténtico caballero la propia sangre hasta la última gota, para apresurar la conquista del mundo entero para Ella. No conozco nada más sublime.

jueves, 11 de marzo de 2021

LIBERATOR


Nos cuenta la Sagrada Escritura cómo el pueblo de Israel seguía sin hacer caso a lo que el Señor les decía (cfr. Cro 36,14-16. 19-23: Primera lectura).


Efectivamente, el Señor nos habla porque quiere nuestra felicidad. Él, mejor que nadie, sabe lo que nos conviene porque nos ha creado.

AVISOS

Pero Dios no abandona a su pueblo. Ni nos abandona a nosotros. Nos dice el libro de las Crónicas que envió sus mensajeros porque le daba pena de lo mal que iban los suyos.

El Templo, que era el orgullo del pueblo judío, el monumento más representativo, fue arrasado, reducido a pavesas. Tuvieron que dejar todo e irse a Babilonia.

Así estaba el pueblo de Israel porque no quiso oír los avisos de Dios.

Estando allí, lejos de su ambiente, los judíos empezaron a echar de menos su vida anterior.

Se lamentaban de su situación. Como desgraciadamente también les ocurrió más tarde con el holocausto. Entonces, algunos pasaron, de la noche a la mañana, de ser los más ricos de Europa a vestir de harapos en un campo de concentración en Alemania.

DIOS TE AYUDARÁ

Dios nos ayuda estemos como estemos. Pero la mejor forma de volver es no irse. Por eso podemos repetir el Salmo: que se me pegue la lengua al paladar si ahora no me acuerdo de ti (Sal 136: responsorial).

Escucha la voz de Dios, lo que nos dice san Pablo, ahora puedes vivir con Cristo, el liberador (cfr. Ef 2,4-10: Segunda lectura).

EL LIBERADOR

Dios le envió al pueblo elegido un rey, que se llamaba Ciro, para que reconstruyera el templo y volvieran a su patria.

A nosotros nos ha enviado un liberador, que está aquí, ahora, con nosotros. Él nos mira desde el sagrario y nos dice: la luz vino al mundo y los hombres prefieren las tinieblas porque sus obras son malas (cfr Jn 3,14-21: Evangelio de la Misa).

Al que actúa bien no le importa que se vean sus obras. En cambio, el que actúa mal prefiere ocultar lo que hace. No quiere que se vean sus fallos.

Por eso, si queremos que Dios nos libere, tenemos que ser transparentes. Acudir a la luz. Venir aquí, al Sagrario, y preguntarle al Señor en qué cosas tengo que mejorar.

Como María. Ella se entregó cuando era adolescente y a los 50 seguía en plena forma.

jueves, 4 de marzo de 2021

LA LEY


 Iahveh dio a su Pueblo la Ley para que supieran comportarse con sabiduría: todavía hoy en día parece admirable su contenido (cfr. Ex 20,1-17: primera lectura de la Misa).


Efectivamente esa Ley que Dios le entregó a Moisés era muy superior al ordenamiento jurídico que tenían otras naciones de su época.

DECÁLOGO

La Ley que dio el Señor a Israel está resumida en los Diez Mandamientos.

Aunque esos mandatos podían ser descubiertos de forma natural.

Pero no obstante Dios escribió esos mandamientos en unas tablas porque los hombres no los leían en sus corazones.

LA LEY NUEVA

Jesús, en el lugar más sagrado que tenían los judíos, actúa con autoridad. Y dice que Él es el verdadero Templo (cfr. Jn 2,13-25: Evangelio de la Misa).

Así como Moisés recibió de Dios la Ley antigua, los Apóstoles recibieron de Jesús la Ley Nueva.

Pero esta Ley no fue escrita en piedra, sino esculpida en el corazón.

LA VIDA EN CRISTO

El ser cristiano no es sólo comportarse de una forma determinada. Más que hacer una serie de cosas es seguir a una Persona.

Los cristianos tenemos que seguir a Cristo, vivir una vida nueva.

LA SABIDURÍA DE DIOS

Los cristianos, como hacía San Pablo, tenemos que hablar de Cristo, sin tener miedo de que haya sido crucificado (cfr. 1 Co, 1,22-25: segunda lectura de la Misa).

Precisamente Cristo crucificado manifiesta la Sabiduría de Dios. Su Nueva Ley es el Amor; por eso Dios es capaz de hacerse Hombre y morir por nosotros.

La Sabiduría de Dios no es fría, sino amable y misericordiosa. Es Cristo. Y la Virgen la llevó en sus rodillas. Por eso Ella es Asiento de la Sabiduría.

sábado, 27 de febrero de 2021

FIARSE DE DIOS


 Abrahám no dudó en sacrificar a su propio hijo porque Yahveh se lo pidió (cfr. Gn 22,1-2.9-13.15-18: primera lectura de la Misa).


LA PRUEBA DE LA FE

Está claro que Yahveh no quería el sacrificio de Isaac, fue una prueba por la que se descubrió la fe de Abrahám: se fiaba de Dios aunque le pidiese una cosa muy dura.

UNA FIGURA DE LA PASIÓN

Dios pretendía que esta historia –tan importante para el Pueblo de Israel– fuese el antecedente del sacrificio de Jesús.

LA ENTREGA DEL HIJO ÚNICO

Dios entregó a su Hijo único para salvarnos a nosotros (cfr. Rm 8,31b-34: segunda lectura). Y Jesús aceptó este sacrificio querido por su Padre.

LA RESURRECIÓN SE ADELANTA

Jesús, antes de dar su vida, se transfiguró, para anunciar que después de la Cruz vendría la gloria de la Resurrección (cfr. Mc 9,2-10).

Quizá la enseñanza pueda ser ésta: Dios nos prueba, pero nunca nos deja completamente a oscuras, siempre nos da una luz.

viernes, 19 de febrero de 2021

BORRÓN Y CUENTA NUEVA



Después de estar cuarenta días rezando y ayunando, el Señor comenzó a predicar el Evangelio (cfr. el de la Misa de hoy: Mc 1,12-15): la Alianza definitiva que Dios quería hacer con los hombres.

EL ARCO IRIS

Nos cuenta el libro del Génesis que, después del Diluvio, Dios quiso hacer un pacto con la Humanidad (cfr. primera lectura de la Misa: Gn 9, 8-15).

La malicia de los hombres había provocado esa inundación. Tanto es así que el Señor se arrepintió de haber creado a los hombres.

Y sólo unas pocas personas se salvaron de la hecatombe: «ocho personas» (segunda lectura de la Misa: 1 P 3,18-22). Por eso se puede decir que volvió a comenzar la Historia del género humano. Se hizo borrón y cuenta nueva.

Y como señal de la promesa que hacía Dios de que ya no habría más diluvios que asolaran la tierra nos dejó el arco iris.

GUARDAR SU ALIANZA

Pocas veces los hombres guardaban lo que prometían a Dios. La historia de la salvación es una historia de la infidelidad de los hombres.

Pero el Señor perdonaba, y volvía otra vez a hacer alianza con su Pueblo.

Benditos eran los que guardaban esos pactos. Por eso dice el salmo (24, Responsorial de la Misa de hoy): «Tus caminos son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza».

EL ESPIRITU DE LA CUARESMA

La Cuaresma consiste en un tiempo de preparación para ganar en amistad con Jesús. Él realizaría el pacto definitivo muriendo en nuestro lugar. Es lo que celebraremos en Semana Santa.

Por eso la Cruz es nuestro arco iris: la señal del perdón de Dios por tantos pecados. Y nosotros debemos acompañar al Señor en los momentos de dificultad para poder estar también con Él en la Resurrección.

jueves, 11 de febrero de 2021

MOLOKAI



Nos cuenta el Evangelio (de la Misa de hoy: cfr. Mc 1,40-45) que se acercó a Jesús un hombre que tenía una enfermedad bastante desagradable. Además era contagiosa. Y el Señor le curó.

Antes de la venida del Señor, era más difícil curarse de las enfermedades. De hecho los que tenían lepra debían ir vestidos hechos un desastre y gritando: ¡Impuro, impuro! (Lv 13,1-2.44-46: Primera lectura).

El Señor tocó al enfermo y la lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpió. Porque "un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo"(Aleluya: Lc 7,16).

IMITAR A JESÚS

Lo nuestro es imitar a Jesús, como hizo San Pablo: imitar a Cristo, que vino al mundo para salvar a los hombres (cfr. 1Co 10,31-11,1).

Por eso los cristianos de todos los tiempos se han preocupado de atender a los necesitados. Estamos llamados a poner a la gente delante de Dios para que les cure.

DOS EJEMPLOS

También, en nuestro tiempo, hay personas como la Madre Teresa de Calcuta, que dedican su vida a atender a los más pobres dentro de los pobres. Preocupándose por todo lo que necesitan: aliviando las enfermedades del cuerpo y del alma.

Otro ejemplo lo encontramos en el padre Damián. Fue un religioso de la Congregación de los Sagrados Corazones, que llegó a la isla de Molokai para servir a los leprosos que allí habían sido desterrados. Y falleció de lepra.

DISPUESTOS A TODO

Este buen sacerdote, por aliviar a unos enfermos y para que conocieran el amor que Dios les tiene, no dudó en ponerse en peligro de contraer esta enfermedad.

A nuestro alrededor hay personas que tienen dolencias en el cuerpo y en el alma. Quizá las del alma son las más peligrosas: por curar esas dolencias el padre Damián no vaciló en ir a Molokai.

Nosotros debemos estar dispuestos a todo para hacer que muchos se confiesen. Incluso a que nos miren raro porque hablamos de la confesión. Algunos nos harán caso, pero otros dirán que eso ya no se lleva y que somos unos antiguos.

SI QUIERES PUEDES

Debemos hacer todo lo posible para que la gente acuda a este sacramento. Sobre todo aquellas personas que están lejos de Dios. A esos, el Señor nos pide que lo intentemos, aunque tengamos la seguridad de que no nos van a hacer caso.

Todas las enfermedades que causan la lepra del alma pueden ser curadas, porque el Señor quiere hacerlo: es Médico divino. Jesús, con solo tocar al leproso del Evangelio lo curó.

No hay nadie tan malo que no pueda recibir el perdón de Dios, si está bien dispuesto y ha recibido el Bautismo, claro. Me contaban una pequeña anécdota, de una niña de primaria que le decía a su profesora: mi hermano es tan malo que yo creo que tiene un demonio. A mi me parece que no es católico.

Si es católico, la condición para que se le perdonen los pecados es llevarle al sacerdote. En el Sacramento de la Penitencia el Señor nos cura: basta que manifestemos los síntomas.

Una vez un obispo de Moscú, Tadeuz Conduzievich, contó lo siguiente:

Recuerdo que durante casi 80 años sólo había en Rusia dos iglesias. Muchos sacerdotes y obispos habían sido enviados a los lagger. Desde el año 2002 hay erigidas 4 diócesis.
En una ocasión –contaba- hice un viaje a los Urales para celebrar la primera Misa en una iglesia en la que no habían tenido un sacerdote desde 1918.
Después de la Misa me pidieron los fieles que les acompañara al cementerio. Fueron y le mostraron la tumba del último sacerdote que tuvo la ciudad. Nadie le conocía ya.
Pero le dijeron que desde hacía muchos años, los domingos y fiestas grandes se reunían allí –junto a esa tumba- para rezar.
Y ahí mismo se confesaban sus pecados ante aquel sacerdote muerto cuya presencia –decían- se les hacía viva por la oración.

Hay gente que se confesaría si encontrara cerca un sacerdote. Me contaba uno que, yendo un día con un cura por la calle, de repente un motorista se paró en secó, se bajó de la moto y fue hacia ellos.

Creían que venía para hacer algo malo o violento. Cual fue su sorpresa cuando, dirigiéndose al sacerdote le dijo: oiga ¿me puede confesar? Es que he estado a punto de matarme y he visto la muerte.

La peor enfermedad es la hipocresía: el orgullo que lleva a disimular los propios pecados y no querer admitirlos. Para eso debemos rezar por la gente que queremos que se confiesen.

LA FELICIDAD DE ESTAR LIMPIO

Cada vez que alguien se confiesa, lo agradece mucho. Porque es como ir limpio. Una persona que sale de la peluquería, va a casa y comprueba que efectivamente el corte de pelo le sienta bastante bien. Luego se arregla, con su colonia y se pone un vestido que le sienta estupendamente, y además lo sabe, esa persona sale a la calle contenta.

En cambio si vas hecha una fregona, con los pelos cada uno por un lado, sin orden, sucia, mal vestida… te deprimes. La primera es la persona que está en gracia de Dios, que se confiesa. La segunda es la situación de un alma en pecado mortal.

Por eso decimos con el salmo: "Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado" (Sal 31: responsorial).

Así nos quiere ver la Virgen: limpias, aseadas, bien presentadas, con el estilo de los hijos de Dios, que es un estilo peculiar, que se nota por la alegría de una persona que sabe que está cerca de Dios.

jueves, 4 de febrero de 2021

¡CUÁNTA LUCHA!


Con frecuencia nos topamos con gente que tiene algún problema. Ahora, ante la situación económica actual, es fácil que haya personas que estén pasando agobios de ese tipo o de otro.

El miércoles pasado me llamó un amigo que está esperando el cuarto hijo. En los tiempos que corren, eso es algo que dice mucho de la generosidad de este matrimonio.

Y me llamaba porque al niño le han diagnosticado un problema serio de corazón. Quería que le diera alguna explicación como sacerdote, porque estaba bastante enfadado con Dios.

UN VALLE DE LÁGRIMAS

Y es que la vida del hombre sobre la tierra está llena de complicaciones. Como las madres - que van de acá para allá, con los niños siempre encima y las tareas - que dicen: "¡cuánta lucha!"

Precisamente la Sagrada Escritura nos habla de Job, que es como el prototipo del hombre en tiempos de crisis: le pasó de todo.

En la primera lectura Job nos dice que se sentía como esclavo que suspira por la sombra. Es muy expresivo porque es fácil imaginarse un esclavo asfixiado por el calor, y buscando la sombra de una palmera, o como jornalero que espera su salario, indicando así el agobio de no llegar a fin de mes (Jb 7,1-4.6-7: primera lectura de la Misa).

FE ANTE LAS LÁGRIMAS

Ante estas situaciones difíciles se puede reaccionar de distintas maneras: dramatizar, tomándose las cosas a la tremenda; o por el contrario fiarse de Dios, que saca bien del mal.

Debemos fiarnos del Señor. Por eso le decimos ahora con el salmo: Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados (Sal 146, responsorial).

Esta semana pasada se nos fue al Cielo un sacerdote. Cuando le dijeron que tenía una enfermedad seria, su reacción fueron unas palabras de san Pablo: para mí, morir es una ganancia.

Confiaba mucho en Dios. El miércoles, que ya estaba muy mal, le dijeron que estaban rezando por él. Respondió que apretasen porque ya faltaba poco, como así fue: murió el domingo pasado. Ha sido un ejemplo para los demás por la confianza que tenía en el Señor, su serenidad ante el dolor.

Confiar en Dios vale la pena. La prueba de cómo es su corazón la tenemos en Jesús. No permanece impasible ante las dificultades de los que le rodean sino que tiene misericordia: el Señor no sólo se compadece de los que tienen enfermedades, sino que los curaba.

DIOS SABE MÁS

Por experiencia sabemos que una enfermedad nos ha servido para valorar más a las personas que tenemos alrededor.

Y además que las contrariedades económicas sirven para unir más a las familias. Pero también puede ocurrir lo contrario: que la enfermedad y las dificultades nos acaben hundiendo.

La actitud del cristiano es la de fiarse de Dios: que no quiere el mal, ni ha inventado la enfermedad, pero que utiliza todo esto en beneficio de los que le aman.

Jesús sabe lo que hace. En cuanto le dicen que la suegra de Pedro está enferma la tomó de la mano y la levantó; le desapareció la fiebre y se puso a servirles.

La gente lo sabía, por eso dice la Escritura que llevaban hasta él a todos los enfermos y a los endemoniados.

Y curó a muchos que padecían diversas enfermedades, y expulsó a muchos demonios (Mc 1, 29-39: Evangelio de la Misa).

HABLA LA EXPERIENCIA

La vida de San Pablo estuvo llena de dificultades –como las de cualquier hombre– pero todo le daba igual con tal de mostrar a todo el mundo el cariño que Dios nos tiene.

El Apóstol experimentó lo que ha hecho el Señor por nosotros, y quiso comunicarlo para que la gente obtuviera la felicidad también en esta tierra (1Co 9,16-19.22-23).

Llegaremos a ser felices no a pesar de las dificultades, sino contando con las dificultades. Así como un árbol se alimenta de todo lo que tiene a su alrededor: hojas muertas, basura…

Así, las dificultades sirven de abono para que nuestra vida dé fruto si contamos con Dios.

La Virgen María es corredentora. Jesús la quiso a su lado junto a la cruz. No sabía del todo el porqué de tanto sufrimiento, pero se fió de Dios.

jueves, 28 de enero de 2021

ESPANTADOS


Jesús no quiere suprimir las enseñanzas del Antiguo Testamento: viene a completarlas.

Todo el Antiguo Testamento es como una introducción que nos prepara para la venida del Señor. El hecho de que el Verbo se haga Hombre ha sido un acontecimiento único que exigía cierta preparación.

UNA OPERACIÓN DE MARKETING

Con algunas películas se hacen campañas de publicidad muy bien montadas. Antes de que salgan a la pantalla, hay como una gran operación de marketing.

Ponen carteles por todos lados. Se hacen entrevistas. Muestran imágenes de partes aisladas. Algunas incluso sacan camisetas con el dibujo de uno de los personajes, carteles por todos lados con las caras de los protagonistas, etc.

La venida de Jesús no podía ser para menos. Y aparecieron profetas que hablaban de él. Reyes que adoraban al único Dios y que gobernaban al pueblo judío, que era de la misma raza que el Señor.

Es muy importante el Antiguo Testamento. De hecho es parte de la Revelación. No es algo que está ahí para que lo estudien los curas y los que tengan un interés especial por la religión, sino que es el preámbulo, la preparación de lo que va a venir.

La conexión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento - son palabras del Papa - ”es un elemento constitutivo para la Iglesia: Jesús sólo puede ser entendido en el contexto de «la Ley y los Profetas»”.

EL ACTOR MÁS FAMOSO

Se entiende más a Jesús de Nazaret con el Antiguo Testamento que sin él. La aparición de Jesús en el mundo divide la historia en un antes y un después.

Jesús, como el «nuevo Moisés», nos ha dado una nueva visión de las cosas. En Él vemos realizada la promesa hecha por Moisés: «El Señor tu Dios suscitará en medio de tus hermanos un profeta como yo» (Dt 18, 15).

Es alguien que no deja para nada indiferente. Las cosas que decía en su predicación sorprendían siempre e incluso escandalizaron a más de uno. Hablaba con tal convencimiento que se notaba que aquello debía de ser verdad. Su voz tenía autoridad, la autoridad de Dios.

JESÚS NO DEJA INDIFERENTE

Como dice el Evangelio: Jesús hablaba con autoridad y la gente se espantaba.

A los antiguos se les ha dicho, pero yo os digo. El Yo de Jesús destaca de un modo como ningún maestro de la Ley se lo puede permitir, nos dice el Papa.

La multitud lo nota; Mateo nos dice claramente que el pueblo «estaba espantado» de su forma de enseñar. No enseñaba como lo hacen los rabinos, sino como alguien que tiene «autoridad» (7, 28; cfr. Mc 1, 22; Lc 4, 32).

Dice el Papa que el motivo de tal espanto no era su capacidad de hablar, su elocuencia. Sino que se ponía al mismo nivel que la Ley: A los antiguos se les ha dicho, pero yo os digo…

Para los judíos se estaba poniendo a la misma altura que Dios. Y eso era muy fuerte. Jesús no deja indiferente porque habla de los bienaventurados, de los pobres y de los que sufren ¿no es para espantarse?

El «espanto» del que habla san Mateo, y que se traduce normalmente por «asombro», es precisamente el miedo ante una persona que se atreve a hablar con la autoridad de Dios.

Espanto porque, o bien iba en contra de la majestad de Dios, o, lo que sería terrible y les parecía prácticamente inconcebible, estaba realmente a la misma altura de Dios.

Quien no se espantaba de nada, sino que vivía lo que Jesús decía era la Virgen, su Madre de Dios.

FORO DE HOMILÍAS

Homilías breves predicables organizadas por tiempo litúrgico, temas, etc.... Muchas se encuentran ampliadas en el Foro de Meditaciones