jueves, 14 de enero de 2021

ENCUENTROS EN LA PRIMERA FASE


En la actualidad Dios sigue llamando, y lo hace como casi siempre: en el silencio y a través de otras personas que nos lo presentan.


He de reconocer que algunos de los que estamos aquí hemos sido llamados a la amistad con Dios de esas dos formas.

LA LLAMADA

Nos cuenta la Sagrada Escritura que un chico llamado Samuel aún no conocía cómo hablaba el Señor (cfr. 3,3b-10.19: primera lectura de la Misa).

Fue el sacerdote Elí quien entendió que Dios llamaba a aquel chico. Por eso le dio el consejo de que cuando oyese algo dijera: –«Habla, que tu siervo te escucha».

Y éste fue el inicio de la amistad del Señor con Samuel.

También nos relata el Evangelio el encuentro de Jesús con dos jóvenes: Juan y Andrés.

Estos dos chicos fueron intermediarios para que otros conocieran a Jesús (cfr: Jn 1,35-42: en la Misa de hoy). Más tarde todos ellos serían amigos de Dios.

EL RECEPTOR

Ya se ve que Dios suele hablar bajito. Y sólo es posible escucharle si nuestro interior es un receptor que no está dañado.

Juan Pablo II hablaba de «la teología del cuerpo». Y así es: nuestro cuerpo es un instrumento de alta tecnología espiritual, que si sufre alteraciones no podrá escuchar la voz de Dios.

Admiramos los grandes templos de Roma o Estambul, que han servido de encuentro con Dios.

Pero el templo más preciado por el Señor es nuestro cuerpo: allí puede habitar el Espíritu Santo, o puede ser un santuario vacio o profanado (cfr. 1 Co 6,13c-15ª.17-20: segunda lectura de la Misa).

Lo primero es comenzar con un tiempo dedicado a Dios, esto serán nuestros encuentros en primera fase. Luego vendrá la amistad.

MAESTRA DEL SILENCIO Y DE LA ESCUCHA

Desde que tuvo uso de razón María estuvo atenta a la voz de Dios. Y era tan fluido ese diálogo, que el mismo Señor quiso habitar materialmente en su cuerpo. Cómo en nuestro caso cuando recibimos la Comunión.

viernes, 8 de enero de 2021

ES MI PADRE


El día de nuestro Bautismo es el más importante de nuestra vida, ya que nos hacemos hijos de Dios. Con él recibimos un nuevo nacimiento, por eso se llama también el sacramento de la re-generación.

Jesús fue al encuentro de San Juan Bautista, que estaba predicando con gran éxito la conversión. Era normal que en un ambiente de expectación ante la venida del Mesías, la gente se estuviera preparando.

Iban tantos, que los fariseos acuden para ver qué pasa (Jn 1,19-26). Y en medio de tanta gente también el Señor aparece por allí: «Vino Jesús desde Nazaret de Galilea» (Mc 1,9). Juan el Bautista cumplió su misión de mover a la penitencia, como preparación de la llegada del Reino de Dios.

Muchas veces uno se asombra de por qué el Señor se bautizó si no le hacía falta. Jesús, sin tener necesidad de conversión, se sometió al rito del Bautismo, de la misma manera que lo hizo a los mandatos de la Ley.

UN CRISTIANO ES UN BAUTIZADO

Y precisamente, Jesús, el día de su Ascensión también quiso que los cristianos enseñaran y bautizaran en su nombre. Les dijo: «Id por todo el mundo y enseñad a todas las gentes bautizando en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,16).

La ceremonia del Bautismo ha cambiado mucho. Antes, en los primeros tiempos, la mayor parte de las personas que se bautizaban eran adultos, y el Bautismo se hacía por inmersión: la gente se iba al Jordán o a cualquier otro riachuelo que estuviera a mano, y el sacerdote los sumergía enteramente en el agua.

Todo eso significaba que el que se bautizaba era sumergido bajo el agua y, al salir, resucitaba como Jesús. Y así se convertía en una nueva persona de pies a cabeza.

Nosotros llegamos a la salvación a través del agua. Eso es el Bautismo: lanzarse al agua para obtener la liberación.

Conozco un sacerdote que celebraba su cumpleaños el día de su Bautismo porque lo consideraba como el día de su nacimiento. San Josemaría, a veces, cuando pasaba al lado de su pila bautismal la besaba, porque allí había empezado a nacer.

Gracias al sacramento del Bautismo somos hijos de Dios. Es lo mismo que le ocurrió al Señor en el Evangelio. Dios nos dice: «eres mi hijo muy amado» (cfr. Mc 1,11). Por eso es un momento tan trascendental.

A TRAVÉS DEL AIRE

Un cardenal filipino cuenta que, durante un viaje en avión, se encontró en medio de una violenta tormenta tropical y el avión empezó a dar unos tumbos espectaculares.

Todos los pasajeros estaban tremendamente asustados. A su lado se encontraba un niño. Y el cardenal le preguntó: –¿Tú por qué no estás asustado? Efectivamente era muy raro que un niño estuviera tan sereno en una tempestad así. Y el chaval le respondió: –Es que el piloto es mi padre.

CON LOS PIES EN LA TIERRA

A veces vivimos intranquilos sin saber que Dios es nuestro Padre, el Amo del mundo. Y nos ponemos nerviosos por muchas cosas: los exámenes, que será de mí el día de mañana, o perdemos la paz cuando nos regañan o no nos ha salido algo como queríamos.

Con frecuencia nos comportamos como un niño sin padres, que va de sobresalto en sobresalto porque no tiene nadie que le dé seguridad.

Así vivió desde siempre la Hija predilecta de Dios, la Virgen María. El Espíritu la cubrió con su sombra en el momento de la Encarnación y la protegió siempre, también en las horas tremendas de la Pasión. Nadie se metió con Ella, nadie la insultó ni se burló de la Madre del Condenado. Su Padre Dios, el Señor de la Historia, no lo permitió.

lunes, 4 de enero de 2021

HA NACIDO UNA ESTRELLA


Unos magos se presentaron en Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos, que según pensaban acababa de nacer, porque habían visto su estrella.


«Vidimus stellam eius in oriente» dice el texto bíblico (Mt 2,2: Evangelio de la Misa). Y la liturgia de la Iglesia traduce: «Hemos visto salir su estrella».

Se traduce «in oriente» como «al salir», o «al nacer». Hemos visto su estrella «al nacer», porque «oriente» no es sólo un lugar de la tierra, oriente también indica «nacimiento», lo mismo que occidente es el declive o muerte.

UNA ESTRELLA

Algunos también hemos visto cómo la estrella de Dios nacía en nuestro corazón. Nos acordamos ahora de esos momentos en los que vimos brillar la llamada. Nos dimos cuenta de que no eran casualidades lo que nos estaba sucediendo: y como siempre el Señor nos exigió fe para lanzarnos y ponernos en camino.

UNA LLAMADA

Notamos aquella llamada de Jesús –venid– y dejamos todas las cosas para seguirle: como hicieron los Magos. Como han hecho todos los santos: para seguir al Señor hay que tener cintura, cambiar los esquemas, no aferrarse a lo que ya hacemos.

Como en el caso de los Reyes Magos, el Señor nos pide cosas curiosas, cada etapa de nuestra vida tiene su cierta originalidad: lo de seguir una estrella tiene mucho de poético pero en realidad no deja de ser pintoresco.

DIOS JUEGA

Hemos de dejar a Dios que juegue con nosotros, que nos haga descubrir su voluntad de la forma que Él quiere: en este caso fue poco racional, si lo miramos humanamente hablando, si quería que unos reyes le adoraran, podía haberlos avisado a través de un ángel, y la cosa hubiera sido menos problemática.

DEJARSE LLEVAR

Pero el Señor tiene sus planes, que muchas veces están concadenados unos con otros: tenían que enterarse unos sabios y el Rey Herodes. Había que probar la fe y la esperanza de unos hombres piadosos... Cosas que tiene Dios para funcionar con los hombres: juega a varias bandas... lo que tenemos que hacer es dejarnos llevar.

Eso hicieron los magos, y por eso «vieron al niño con María, su madre».

sábado, 2 de enero de 2021

DIOS NOS HA DADO SU PALABRA



 «Tu Palabra todopoderosa, Señor, vino desde el trono real de los cielos»: esto que hemos escuchado en la Antífona de entrada (SB 18,14-15) se cumplió. 

Porque «la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros» (R. del Salmo Responsorial y Evangelio: Jn 1,14).

Como dice el libro del Eclesiástico: hablando de la Sabiduría de Dios, su la Palabra: «El Creador del universo me ordenó, el Creador estableció el lugar de mi residencia: –Habita en Jacob, sea Israel tu heredad» Y así sucedió. Allí nació el Redentor.

Dios nos ha dado su Palabra, y no tiene otra. Todo lo ha dicho en Jesús y ya no tiene más que hablar.

Por eso a después de su venida parece Señor se queda mudo, porque ya no tiene más que hablar.

Y el que ahora quisiera que Dios le respondiera, o buscase tener una visión, no sólo sería una tontería, sino que haría un agravio a Dios.

Lo nuestro es poner nuestros ojos totalmente en Cristo, sin querer otra cosa, porque Jesús es su Palabra eterna.

(San Juan de la Cruz, Subida al monte Carmelo 2, 22, 3 - 5: Biblioteca Mística Carmelitana, v. 11 (Burgos 1929), p. 184. ).

FORO DE HOMILÍAS

Homilías breves predicables organizadas por tiempo litúrgico, temas, etc.... Muchas se encuentran ampliadas en el Foro de Meditaciones