viernes, 14 de agosto de 2020

EL TRAMPOLÍN DE VERANO


Hoy celebramos el triunfo de la Virgen. Es la Mujer que está más alta en el cielo.
El libro del Apocalipsis (Primera lectura de la Misa: 11,19ª;12,1-6ª) nos la presenta con «la luna como pedestal», y «vestida» con un traje impresionante, nada menos que «de sol». María está a la derecha del Rey del Universo, «enjoyada con oro» de la mejor calidad (Salmo Responsorial: 44). Podríamos decir sin temor a equivocarnos que más que Ella sólo Dios (cfr. Camino, n. 496). Primero va Jesús, que es la «primicia» (cfr. Segunda lectura: 1Co 15,20-27) y después María. Si hubiéramos preguntado en Nazaret a las personas que la trataron habitualmente. Quizá nos hablarían de una persona buena, e inteligente. Pero seguramente muchas de que vivieron cerca de Ella se quedarán extrañados al verla donde ahora está. ¿Cuál es el secreto de que haya llegado tan arriba? ¿Cuál fue su trampolín que la lanzó tan alto? En el Evangelio se nos da la explicación (Lc 1,39-56). En esta tierra Ella llegó muy bajo. Fue la Madre de un condenado a muerte por blasfemia. Vio a su Hijo en el patíbulo más humillante: la cruz. Además en la vida corriente, ni Dios, ni Ella quisieron que tuviese ningún tipo de reconocimiento. Su misión en esta tierra fue servir en cosas materiales. Con su inteligencia, y el resto de sus cualidades podría haber querido sobresalir. Y sin embargo sólo buscó que se luciera Dios. Gracias a su humildad a llegado tan alto. En esta solemnidad tan importante, que celebramos en agosto, podemos pedirle a nuestra Madre que Ella sea nuestro trampolín de verano.

viernes, 7 de agosto de 2020

TACONES LEJANOS

Hay personas que no aguantan que el Señor esté silencioso en el sagrario. Con lo que está cayendo querrían que su voz poderosa paralizase el mal. Parece que Dios en la actualidad no dice nada. No hace milagros como hacía en tiempos de los santos: ahora no habla. Pedro, que era el Apóstol de la fe –hemos leído en el Evangelio (cfr. Mt 14,22-23)– pidió al Señor poder andar sobre las olas en un mar revuelto. Y lo consiguió. Pero se hundió al ver que el viento venía en contra. Su poca fe interrumpió el milagro. Y el Señor le habló: –¿Por qué has dudado? En la actualidad para oír la voz de Dios necesitamos silencio. Pues Dios habla bajito. Su voz se hace sentir, como experimentó Elías, entre el murmullo de un vientecillo tenue (cfr. Primera lectura de la Misa: 1Re 19,9a.11-13ª). Cuentan que estaban en Torreciudad un grupo de chicas haciendo un rato de oración en la Capilla del Santísimo. Allí hay un crucifijo de gran tamaño, de bronce dorado, con una expresión de serenidad y viveza tan grande que parece que habla al que mira. Allí estaban estas chicas rezando en silencio, mientras se oía a lo lejos el ruido que producían unas señoras que visitaban el Santuario: con el típico sonido que hacen los tacones lejanos. Hasta que ese grupo de mayores decidió inspeccionar la Capilla del Santísimo, donde las chicas empezaban a ponerse nerviosas por el trasiego de las señoras. Iban entrando a la Capilla, mientras abrían la puerta y cuchicheaban. Y una de ellas, que parecía ser la más enterada, refiriéndose al crucifijo dijo a media voz, pero perceptible a todo el mundo, no sólo a la persona que le estaba enseñando: –Mira, ese es el Cristo que dicen que habla... Y en aquel momento, una de las chicas que había oído lo del «Cristo que dicen que habla», replicó con gracia: –Señora, habla si ustedes le dejan. Pues esto es lo que tenemos que hacer: dejar que el Señor pueda hablarnos. Para que no nos suceda como dice San Pablo, con pena, de «los de su raza».(cfr. Segunda lectura: Rm 9, 1-5). Aquellos elegidos que –en su gran mayoría– dejaron de oír a Dios, aunque pasaba muy cerca, pero sin tacones

viernes, 31 de julio de 2020

EL CATERING

Los judíos tenían fama de trabajadores, hábiles para las finanzas, y amigos del ahorro.

Por eso que diga el profeta Isaías que comerían sin pagar, era la señal más clara para indicarles que había llegado el tiempo mesiánico (cfr. Is 55,1-3: Primera lectura de la Misa). Y efectivamente en el Evangelio se nos cuenta como Jesús, el Mesías anunciado por los Profetas dio de comer a más de cinco mil personas (cfr. Mt 14,13-21: Evangelio de la Misa). Y podríamos decir que con la distribución de esos bocadillos –seguramente de sardinas– se inauguraría el primer y más espectacular catering de la historia. 

Como se lee en el Salmo (144,16: Responsorial de la Misa) el Señor abre su mano y nos sacia. Pero no sólo de cosas espirituales. 

Muchos de los milagros que hizo Jesús eran materiales. Porque es el Dueño de todo, también de la materia. Por eso cuando Dios no envía cosas materiales buenas es porque nos quiere. Y cuando nos encontramos en la escasez, quizá es porque quiere que demostremos que le queremos a Él. 

Ya lo decía San Pablo: ninguna cosa puede separarnos del amor de Cristo: ni el hambre, ni la desnudez. Y podemos añadir: ni tampoco la crisis (cfr. Rm 8,35.37-39). Porque Dios para hacernos felices es capaz de inventar lo que sea, y además gratis. 

Por eso cuando en la vida nos lleguen los momentos difíciles, podemos pensar que es, precisamente entonces, cuando estamos saciando el hambre que Dios tiene de nuestro amor: es el momento de nuestro catering.

sábado, 25 de julio de 2020

EL CAMINO DE SANTIAGO

Como se lee en el libro de los hechos de los apóstoles (12, 2: Primera lectura de la Misa) el camino de Santiago fue un camino de martirio. Su vida cristiana no fue una excursión, sino una novela de aventuras.

Era uno de los amigos íntimos de Dios, y en esta tierra selló esa amistad dando la vida por el Señor (cfr. Antífona de Comunión).

Por el Evangelio (cfr. Mt 20,20-20) sabemos que Jesús le había preguntado si podría beber el cáliz de la pasión. Él dijo que sí, pero quizá no era muy consciente de lo que decía.

En alguna ocasión me he preguntado – escribió San Josemaría– qué martirio es mayor: el del que recibe la muerte por la fe, de manos de los enemigos de Dios; o el del que gasta sus años trabajando sin otra mira que servir a la Iglesia y a las almas, y envejece sonriendo, y pasa inadvertido...
Para mí, el martirio sin espectáculo es más heroico... Ese es el camino tuyo. (Vía Crucis, VII estación).

Santiago y su hermano querían ser los primeros en Reino del Mesías, y como buenos gallegos no lo pidieron directamente, sino a través de su madre.

Efectivamente los primeros puestos estaban ya adjudicados. No hay que ser muy inteligentes para saber que a la derecha estaría la Virgen y a la izquierda san José.

De todas formas el Señor aprovecha esta anécdota, para hablarles de que los que quieran ser los primeros tienen que servir no mandar: así fue la Vida de María y del Santo Patriarca.

Sabemos que en Zaragoza, Santiago se vino a bajo por la tozudez de los hispanos de aquella región. Tuvo que venir la Virgen para animarle.

sábado, 18 de julio de 2020

EFECTOS COLATERALES


Los colaboradores de Dios, primero se quedan dormidos, y luego quieren resolver el problema drásticamente (Cfr Evangelio de la Misa: Mt 13,24-43).

Así somos a veces: primero pereza y falta de vigilancia, y después nos entra la ira disfrazada de celo.

Dios sin embargo actúa de otra forma: su arma secreta siempre es la misericordia. Y esa se la enseña a su amigos (Cfr. Aleluya de la Misa: Mt 11,25).

Dios es bueno, y lo primero que tiene en cuenta es que ninguno de sus hijos sufra injustamente. El Señor no quiere imponer su voluntad de forma agresiva, también tiene en cuenta los efectos colaterales. (Cfr. Salmo Responsorial: 85).

Su táctica no consiste en desarraigar el mal sin más, sino que tiene muy en cuenta el modo. Como han dicho los santos: todo por amor, nada por la fuerza.

Porque el Señor no busca un enfrentamiento, sino la conversión (cfr. Primera Lectura de la Misa: Sb 12,13.16-19).

San Josemaría decía que los cristianos hemos de ahogar el mal en abundancia de bien. Esto es lo que hizo María de forma discreta. Porque las madres son especialistas en corregir, evitando los efectos colaterales: saben amar.

FORO DE HOMILÍAS

Homilías breves predicables organizadas por tiempo litúrgico, temas, etc.... Muchas se encuentran ampliadas en el Foro de Meditaciones