domingo, 10 de febrero de 2019

LA LLAMADA QUE NOS HACE DIOS


El Señor nos ha llamado a cada uno en unas circunstancias propias, distintas a las de los demás. En algunos casos subiendo a la montaña, y en otros bajando a la playa... Como a los apóstoles que estaban en una barca y lo dejaron todo para seguirle (cfr. Evangelio de Primera de la Misa: Lucas 5, 1-11).

Somos los que trabajamos cerca de Él. Los de su séquito. Caminamos juntos desde hace más o menos años: nos ha hecho compañeros para enviarnos a ayudar a otras personas (cfr. Primera lectura de la Misa: Isaías 6, 1-2a. 3-8). 

Y, como los Doce, nosotros nos sentimos privilegiados por estar tan cerca del Señor.

Había tantos a nuestro alrededor más apropiados para recibir la llamada del Señor... Con más condiciones humanas de inteligencia, de virtudes, de simpatía...

Y, sin embargo nos ha elegido a ti y a mí... por la razón más sobrenatural: porque le dio la gana.

Hace unos años decía Juan Pablo II: Todos sabemos cuán necesarias son las vocaciones. Y sabemos también que la disminución de las vocaciones es a menudo consecuencia de la reducción de la fe y del fervor espiritual.

Es una realidad que escasean la vocaciones de entrega total a Dios en el mundo que llamamos civilizado.

Parece un círculo vicioso: cuanta menos fe y amor a Dios, menos vocaciones de entrega. Y cuantas menos vocaciones, menos fe y amor.

Pero lo podemos convertir en un círculo virtuoso: si tenemos cada uno de nosotros fe y amor, habrá más vocaciones que “producirán” más fe y amor... y así sucesivamente.

domingo, 3 de febrero de 2019

JESÚS NO ES PROFETA EN SU ALDEA





Sus paisanos le conocían

La gente que había convivido con Jesús en su pueblo no tenía duda. Por eso, aquellos que le conocían bien, porque eran sus vecinos, le rechazaron cuando el Señor les dijo que venía del cielo, del Padre, de allá arriba (Jn 8,23).

Sería la misma impresión que nos haría en la actualidad, si una persona que realiza los trabajos de  conservación de las instalaciones de un hotel o de un colegio, de buenas a primeras se creyese con más autoridad que el Papa. Y saliese en televisión pontificando sobre asuntos de teología.

Es lógico que dijéramos: Pero si este es Paco, ¿qué hace ahí hablando de esas cosas?... Todavía la impresión sería más fuerte si notásemos que ese hombre al que vemos diariamente –sin estar loco– se cree Dios.

Por eso no es de extrañar que se preguntaran, como dice el evangelio de la Misa de hoy: ¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo (Jn 6,42).

En la sinagoga de Nazaret, Jesús no predica  como lo hacía todo el mundo, sino que dice, como acabamos de oír, que lo que allí está escrito se está refiriendo a Él (cf. Lc 4,21).

Entonces se ponen tan furiosos que intentan despeñarlo por un barranco, como hemos leído hace un momento  (cf. Lc 4,29).

Sus paisanos no le conocían

Los de su pueblo sabían que Jesús era uno como ellos, pero curiosamente alardeaba de ser algo grande.

La gente de Nazaret no salía de su asombro, decían algo así como: ¿Pero este quien se ha creído que es? Está convencido de que es el gran Profeta esperado.

El desconcierto sería mayor porque sabían perfectamente que la aldea de Jesús no había recibido ninguna promesa de parte de Dios, como era el caso de Belén.

Se sabe que un pescador llamado Felipe le dijo a un colega suyo, de nombre Natanael: Hemos encontrado a Aquel de de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas: Jesús, hijo de José, de Nazaret. La respuesta de Natanael es bien conocida: ¿De Nazaret puede salir algo bueno?(Jn 1,45s).

Y los fariseos, que no veían con buenos ojos a Jesús decían: Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése [Jesús] no sabemos de dónde viene (Jn 9,29).

Buscar a Jesús

Hay personas que pueden haber oído hablar de Jesús durante años y no conocerlo realmente (cf. Mc 6,2).

Cuentan que hace unos años un rabino anciano le dio un consejo sorprendente un chico joven. Le dijo el rabino: «Busca a Cristo. Yo ya soy viejo; si tuviera tu edad buscaría al Jesús de los cristianos».

Lo que le sucedió a este chico también nos sucede a todos, pues la Palabra de Dios se ha hecho Hombre y quiere una respuesta de nuestra parte.

En esta historia podemos actuar como los de Nazaret que pesaban conocer a Jesús perfectamente, como los apóstoles que le seguían pero con muy poca fe.

O podemos actuar  como María, su Madre...

sábado, 26 de enero de 2019

¿QUÍEN ES JESÚS DE NAZARET?


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Un conocido desconocido

Al oír a Jesús sus paisanos se asustan... Y entre sus oyentes el miedo se transformará en oposición (Mc 6,3), tanto es así que intentan despeñarlo por un barranco (cf. Lc 4,29).

Los de su pueblo sabían que Jesús era uno como ellos, pero curiosamente alardeaba de ser algo grande.

La gente de Nazaret no salía de su asombro, decían algo así como: ¿Pero este quien se ha creído que es? Está convencido de que es el gran Profeta esperado.

La encuesta

Lo cierto es que en aquella época Jesús era conocido y a la vez desconocido. Igual que hoy. Hay personas que pueden haber oído hablar de Jesús durante años y no conocerlo realmente (cf. Mc 6,2).

En la actualidad podríamos hacer la misma encuesta que hizo Jesús hizo a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo?... Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? (Mc 8,27ss).

Es el Mesías, el Ungido, Dios mismo

En la sinagoga de Nazaret, Jesús no predica  como lo hacía todo el mundo, sino que dice, nada menos que lo que acaba de leer –no existe la casualidad– está  escrito refiriendo a Él (cf. Lc 4,21).

¿Quién es Jesús? Lo que pretenden los cuatro Evangelios es contestar esta pregunta.

Pero los Evangelios fueron escritos hace muchos siglos. No es fácil captar su significado leyéndolos simplemente. ¿Cómo podemos entenderlos si nadie nos los explica?

martes, 15 de enero de 2019

2019, TIEMPO ORDINARIO, Ciclo C

LA BODA



La boda de Dios 
En Cana (Evangelio de la Misa: cfr. Jn 2,1-11), una boda se convierte en una imagen: la boda de Dios con su pueblo (primera lectura de la Misa:cfr. Is 62,1-5).

 Jesús en alguna ocasión se presenta como el «novio» (cf. Mc 2, 18s). Dios y el hombre celebran unas bodas, se hacen uno: eso significa el matrimonio.

Dios y el hombre se hacen uno en Jesús, que es Dios y hombre a la vez. Y el vino nos habla de esta fiesta definitiva que Dios ha preparado. En esta boda en la que Dios se une con el hombre el agua tiene un significado.

El agua además de para beber o lavarse era utilizada por los judíos para la purificación. Juan el Bautista emplea precisamente el agua como signo de conversión. Pues el agua que utilizaban los judíos para la purificación se transforma en un signo de alegría. El agua de nuestra vida se puede convertir en vino. Esta es la enseñanza.

El agua de la purificación, que mandaba la Ley, se transforma en símbolo de la caridad, el amor, que es el mayor don que hemos recibido de Dios (segunda lectura de la Misa: cfr. 1 Cor 12, 4-11).

El amor tiene como efecto –igual que el vino– dar alegría al corazón del hombre. Por eso a los que están en el cielo se les llama “bienaventurados”, felices.

Una niña le preguntaba a un sacerdote que si él sabía por qué los santos están tan contentos... Y la niña siguió diciendo: –Por la gracia de Dios. Y no es solo un chiste, es la realidad. Dios es muy simpático y llena hasta arriba de alegría a sus amigos, como hizo con las tinajas de la boda.

En nuestra vida tenemos que purificarnos, y el agua es también signo de limpieza, del arrepentimiento. Si se lo pedimos a María conseguirá  que las cosas de cada día se conviertan, cambien. Se transformen en cosas alegres, en este vino especial. Porque nosotros estamos invitados a esa boda.

Invitados a la boda
Además de San Juan, otro Apóstol que estuvo presente fue Natanael. Como es sabido, Natanael,  era del mismo Caná de Galilea. Aunque era un hombre muy recto, la verdad es que no tenía muy buena opinión de la gente de Nazaret.

Y su amigo Felipe no quiso contestarle sobre si de Nazaret podía salir algo bueno o no. No se iba a poner a discutir. Lo que hizo su amigo Felipe fue presentarle al Señor para que él juzgara por su cuenta si Jesús de Nazaret era el Mesías.

Como sabemos cuando Natanael se encontró con el Maestro desaparecieron inmediatamente todas sus dudas. Esto es lo que tenemos que hacer con la gente llevarla al Señor.

Pero, por si fuera poco, unos días después del encuentro de Natanael con Jesús, hubo una boda en su pueblo. Ya sabemos lo que pasó. Cuenta una leyenda1 que su amigo Felipe aunque era tímido y con un humor muy fino,  cuando apareció el vino nuevo, le arrimó un vasito a Natanael y le dijo: –Prueba, a ver si te parece que de Nazaret puede salir algo bueno...

Pero fue gracias a María por lo que Caná de Galilea estuvo a punto de llamarse Caná de la Frontera.




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