
El matrimonio
es como el básquet
La vida nuestra en la tierra San Pablo la compara con
el deporte. Por eso no parece muy descabellado pensar que el matrimonio es como
un partido de baloncesto. Uno que no sea deportista, podría pensar que es muy
cansado moverse por la cancha, pasar el balón, o intentar hacer una canasta. Indudablemente el baloncesto es movido, y a veces
cansa, pero es mejor jugar que estar en el banquillo.
Acabamos de escuchar en la carta a los Efesios (cf.
5, 25-32) que San Pablo nos habla de
entrega, porque la esencia del matrimonio
es la entrega. Y esto es lo que ocurre en cualquier equipo. El
egoísmo es frustrante. Y los matrimonios que triunfan es porque se piensa más
en el otro que en uno mismo.
No solo se respetan la manera de ser de los demás,
sino que se fomenta. Así funciona un equipo. Todos no puede jugar de aleros.
Cada uno tiene que jugar en su puesto. Pero aunque sea verdad que el matrimonio es un
deporte, no se juega «contra» el otro, sino «con» el otro. En este caso Gonzalo
es «el pivot», y María Julia «la base».


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